El Nobel de Bob Dylan

Cualquier premio es, per se, un reconocimiento para el ganador y una mala noticia del perdedor o perdedores que deben sentarse en el banquillo y esperar, quizás ad eternum su oportunidad. Es curioso que a estas alturas alguien como Bob siga levantando polémica tanto en opiniones en prensa como en redes sociales. Que si no es un escritor, que si hay muchos que esperan hace años, que si canta como una cabra me han llegado a escribir… Como si Dylan tuviera la culpa que le hubieran otorgado un premio… No nos engañemos. Los milenials, lo que que no han comprado música en su vida, los que descargan o compran vía itunes, muchos de ellos no saben quien es Dylan y no lo han escuchado jamás. Me sorprendió leer no se donde hace un tiempo que un porcentaje altísimo de chicos y chicas de 18 años nacidos en la patria de Bob, léase, Estados Unidos, ni sabían quien era ni habían escuchado jamás una composición suya. A todas luces incomprensible.

En cualquier caso se lo han dado y ya está. Siempre habrá gente agorera que polemizará por todo sin ton ni son. Estoy muy feliz por su premio. Pero yo me tendré que levantar cada día igual para tirar adelante los míos. Mi vida no cambia. Pero a mi me ha hecho ilusión que le hayan dado el Nobel a Bob Dylan. Cuando lo descubrí me dejó prendado y poco a poco me hice con toda su dilatadísima discografía. Si tengo hasta el disco de villancicos o los dos de Sinatra que poco me agradan (el de villancicos me gusta, que quieren que les diga). Yo no soy nadie para escribir si el premio es una adulteración  por otorgarle a un cantante y no a un escritor (¿es que acaso un cantante no escribe letras?). También me chifla la literatura de Murakami pero que se lo den a un rockero, a un tipo que lleva pelándose la carretera desde que parió hace que simple y llanamente sonría y ese premio, ni que sea en un 0,000000000000000000000000000000000000009%  también sea mío, como mero aficionado a esa música negra, maloliente, barrio bajera y maltratada como es el rock and roll.

Las letras de una canción, la poesía de una canción te puede levantar la tapa de los sesos, ensalzar el alma, reflexionar, cuestionarte algo en lo que creías o simplemente hacerte sonreír. Un ejemplo reciente es el discazo y las letras de “Amercian Dream” de los Drive By Truckers. ¿Es que acaso esas canciones y sus letras no son pura literatura denuncia? La música es pura vida y sí, también entretenimiento. Pero a mi la música me empuja a seguir a diario, en un mundo injusto y a veces demasiado gris. Dylan  forma parte de mi vida y de la de mucha otra gente. Por lo tanto, ya saben los que me conocen. RESPECT al artista. Siempre.

Y todas las anteriores emociones que antes les he relatado se suceden siempre cuando escucho por enésima vez Desolation Row, Don’t think twice it’s alright, Señor, Forever Young, Just Like a Woman, Tangled up in Blue, Is your love in vain, Trying to get to Heaven o Shooting Star. Y por supuesto Like a Rolling Stone.

Yo esta noche volveré a ponerme sus canciones. No por oportunismos, no se equivoquen. No hay mes que no escuche a Dylan. Y de eso ya hace muchos años.

Miren, el mundo de divide en dos tipos de personas. Lo que tienen Blonde on Blonde en sus estanterías y lo que no. Ya está, ya lo he dicho.

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